“Antes de ser músico yo era música”, ha dicho alguna vez el director de orquesta, ejecutante y compositor Arturo Diemecke, cuya pasión y talento lo llevó, de ser un regalo del mundo para México (su familia proviene de la histórica Leipzig) a un regalo de México para el orbe.

Arturo Diemecke no usa batuta. “Tengo dos manos; más aún, tengo diez dedos, para extraer, sentir, moldear y proyectar la música frente a la orquesta hacia el público”, dice. A su alrededor, en su casa, donde recibió a Black, un sinfín de premios anuncian: “Mejor Director”, “Mejor Grabación”. Una proclama del alcalde de Flint, Michigan, decreta el 10 de octubre (1998) como el “Día de Enrique Diemecke”, por su labor  al frente de la orquesta de aquella ciudad, la cual sigue dirigiendo a la fecha desde hace ya casi 30 años. En Argentina fue nombrado Personaje Ilustre de la Cultura, y la Secretaría de Relaciones Exteriores de México lo reconoció como Mexicano Distinguido en el Extranjero, en 2018. Aquí, en su país, fue director de la Ópera de Bellas Artes y luego de la Sinfónica Nacional.

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Partió a dirigir la Orquesta Sinfónica de Auckland, en Nueva Zelandia y, posterior-mente, fue director de la Ópera en Montpellier, Francia. Invitado recurrente de la Filarmónica de Buenos Aires, se convirtió en su director artístico de 2004 a 2006 y un año más tarde, en 2007, tomó de nuevo el cargo, donde sigue como titular hasta la fecha. En 2017, recibió el nombramiento de Director General Artístico del legendario Teatro Colón de Argentina, por lo que entre sus funciones está, además, la programación de las orquestas y coros, la Compañía de Ballet, la Compañía de Ópera, el Instituto Superior de Arte de Nuevas Estrellas, así como el Centro de Experimentación Teatral, donde artistas de diversas disciplinas trabajan, todo en torno de la música. El ganador del Gran Prix de L´Académie du Disque Lyrique cuenta que al salir de la OSEM, soñaba con transformar el paradigma del director. Comenta que si bien el estudio de la música es inagotable, sintió la necesidad de enclaustrarse a profundizar en filosofía e historia. Ello le permitió entender mejor las partituras, pero también, la naturaleza humana para motivar y encabezar no solo a los músicos, sino además al público que forma parte esencial del éxito de un concierto. “El director debe estar siempre un paso adelante de la orquesta para transmitir la intensión del compositor”, dice, mientras explica que hoy en día es muy sencillo de entender con un metrónomo el “tempo” de una obra, que se indica en la parte superior de la partitura, pero en la antigüedad eso no existía. El “tempo” de una obra se calculaba por el número de pulsaciones del corazón. Cuando todos los integrantes de la orquesta dan lo mejor de sí mismos y sienten orgullo por lo que hacen, contagian a los presentes. Para él la magia ocurre cuando los corazones de todos los asistentes al concierto se sincronizan y la belleza de la música alcanza a tocar el alma de las personas. Prueba de su liderazgo son los conciertos masivos que ofreció en el Parque Rosedal de Buenos Aires y después en Mar del Plata, el pasado diciembre, en donde se reunieron al aire libre más de 80 mil y 25 mil personas respectivamente, cantando el Himno a la Alegría con emoción desbordante para despedir 2018.

“TENGO DOS MANOS; MÁS AÚN, TENGO DIEZ DEDOS, PARA EXTRAER, SENTIR, MOLDEAR Y PROYECTAR LA MÚSICA FRENTE A LA ORQUESTA HACIA EL PÚBLICO”

Enrique Arturo Diemecke nació en Guanajuato, en una familia de músicos. A los seis años de edad ya estudiaba violín, antes de corno francés, piano y percusiones. Junto con su padre y hermanos formó parte de la Orquesta de la Universidad de Guanajuato. Más tarde, por invitación de Enrique Bátiz, se integraron a la Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM), donde tocó como primer violín. Su inquietud por convertirse en director lo llevó a tomar el podio brevemente en algunos ensayos, motivándolo a dejar la orquesta y perseguir su sueño. Así viajó primero a Washington D.C. y luego a Francia para convertirse en director. Frecuentemente invitado a dirigir algunas de las más importantes orquestas a nivel mundial, sus logros y reconocimientos parecen interminables.

UNA PROCLAMA DEL ALCALDE DE FLINT, MICHIGAN, DECRETA EL 10 DE OCTUBRE COMO EL “DÍA DE ENRIQUE DIEMECKE”, GRACIAS A SU LABOR AL FRENTE DE LA ORQUESTA DE AQUELLA CIUDAD, LA CUAL HASTA LA FECHA DIRIGE, DESDE HACE YA CASI 30 AÑOS.

Cabe destacar que recientemente el portal italiano Travel365 reconoció al Teatro Colón como el Mejor Teatro del Mundo, por encima de las célebres mecas, como el Metropolitan de Nueva York, la Scala de Milán, la Royal Ópera House de Londres, e incluso la Ópera de París, por mencionar algunos. La única forma de entender su impresionante trayectoria, es ver el brillo en sus ojos, que contagia su pasión. Al preguntarle que, después de tantos triunfos a lo largo de los años, cómo se siente de regresar a dirigir la orquesta de la que salió como violinista para convertirse en director, responde: “Lo realmente importante, será saber qué opinan mis com-pañeros de entonces sobre si logré convertirme en el director que soñé ser. Lo demás, es secundario”, afirma visiblemente emocionado.

En México, dirigirá Pedro y el Lobo de Prokófiev, el 27 de abril, en celebración del XXV Aniversario del Ballet de la Ciudad de México, con la Orquesta de las Américas y el Actor Mario Iván Martínez en el Auditorio Nacional de México. Posteriormente, los días 17 y 19 de mayo, debutará como director huésped de la Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM).

“LO REALMENTE IMPORTANTE SERÁ SABER QUÉ OPINAN MIS COMPAÑEROS DE ENTONCES SOBRE SI LOGRÉ CONVERTIRME EN EL DIRECTOR QUE SOÑÉ SER. LO DEMÁS, ES SECUNDARIO”

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