¡Éstas son las clases (y no de tenis) que me ha dado Roger Federer en estos días!

En pleno torrente de emociones en Wimbledon, después de ver ganar -y muy de cerca- a Cori «Coco» Gauff, esa niña prodigio de 15 años, quien a pesar de haber sido eliminada ya forma parte de la historia (y regresará sin duda alguna, a seguirla escribiendo), vaya que he aprendido frente a esta cancha atemporal, legendaria, mítica y universal.

 

 

Va una confesión: 

Llevo (o llevaba) cierto tiempo creyendo, suponiendo, que todo ya estaba escrito (no en la ley del menor esfuerzo, aunque para mí la espontaneidad parecía haber pasado a segundo término)… pero hoy mi energía ha cambiado. ¿Por qué?

Porque Roger Federer, el suizo, el campeón, el señor tenista, me ha hecho entender que podemos cambiar las reglas del juego, lograr que nuestra existencia sea el verdadero juego. Nuestro triunfo puede ser una satisfacción personal, apoyar a alguien o a nosotros mismos, pero AQUí Y AHORA.

Estar en el momento, aprovecharlo, sudarlo, confiar en uno mismo y transformar no sólo nuestra propia existencia sino la de quienes nos rodean. Y por ganar no me refiero al dinero. Aunque aquí el vencedor se llevará dos millones 400 mil libras, no me refiero a esa riqueza ni a la realeza, sino a lo real (tuvimos a Kate Middleton a unos metros, pero aquí los reyes son los verdaderos espíritus soñadores, brillantes y triunfadores).

No sabía, nadie sabía, qué iba a ocurrir en unas horas (en uno sets), pero la gran lección que Federer, ese enorme y orgulloso embajador de Rolex (cuya relación con el tenis se remonta a 1978, así nomás), me ha dejado es ésta. Y acaba de pasar a la final. 

Gracias a Rolex por la invitación para estar aquí. 

Lo que viene: jugarán Federer y Djokovic. Por el gran título.  

¡Me regreso al aprendizaje! ¡Y que gane el mejor! El que sea. Lo de más es lo de menos, porque aquí ganamos todos. Monsieur Federer, merci beaucoup! Thank you, very much! 

 

 

Por: Lina Holtzman Warszawski

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