Philippe Stern, presidente de Patek Philippe entre 1993 y 2009 y padre del actual presidente, Thierry Stern, falleció el 14 de junio de 2026, a los 88 años. De espíritu pionero y visionario, un hombre que aceptaba los retos, dejó una huella imborrable en la historia de la manufactura familiar, preservando su independencia y consolidando su prestigio mundial. Industrial de gran talento, astuto hombre de negocios, esteta, hombre culto y proactivo, además de consumado regatista y esquiador, fue una figura destacada en la industria relojera. Considerado uno de los líderes empresariales más influyentes del sector, desempeñó un papel fundamental en la promoción y el fomento del éxito de la alta relojería suiza y ginebrina. Llevó una vida marcada por la pasión y la excelencia.
Su origen
Cuando Philippe Stern nació en Ginebra en 1938, llevaba la relojería prácticamente en los genes. Su abuelo, Charles Stern, y el hermano de este, ambos fabricantes de esferas, habían adquirido la manufactura Patek Philippe en 1932, y su padre, Henri Stern, acababa de incorporarse a la empresa. Siguiendo la tradición familiar, tras licenciarse en Economía y Comercio, Philippe Stern comenzó a ascender en la empresa, desde los puestos más bajos hasta la cúpula directiva. Entre 1963 y 1966, trabajó en Nueva York para la Henri Stern Watch Agency, distribuidora de relojes Patek Philippe en Estados Unidos, donde adquirió experiencia de primera mano en el sector relojero. A su regreso a Ginebra, profundizó aún más en su conocimiento del negocio trabajando en diversos departamentos.
Durante la década de 1970, junto a su padre, el presidente, Philippe Stern desempeñó un papel cada vez más importante en la gestión de la empresa. Sus numerosos viajes al extranjero contribuyeron a ampliar la visibilidad de Patek Philippe tanto en los mercados existentes como en los emergentes. En 1976, desafió con audacia la relojería de alta gama convencional con el lanzamiento del famoso Nautilus, un reloj deportivo de lujo fabricado en acero y diseñado para atraer a un nuevo tipo de clientes.

Un gran visionario
En 1977, Philippe Stern fue nombrado director general de Patek Philippe. La industria relojera suiza atravesaba entonces su crisis más grave. Ante la avalancha de la tecnología de cuarzo, muchos creían que era el fin del reloj mecánico. Pero Philippe Stern no estaba de acuerdo. A pesar de la aparente falta de interés del público, estaba convencido de que los relojes tradicionales tenían futuro y creía que una clientela exigente siempre preferiría la artesanía de calidad, la exclusividad y el arte exquisito a la producción en masa. Por eso decidió mantenerse fiel a lo que había sido la esencia de Patek Philippe durante casi 140 años y seguir invirtiendo en este ámbito. En una época en la que muchas empresas se incorporaban a grandes grupos, también creía que Patek Philippe debía preservar su independencia y aumentar su producción, al tiempo que mantenía los estándares de calidad que habían forjado su reputación.
Su fe en el futuro de la relojería mecánica también quedó demostrada con un logro sin precedentes. A principios de la década de 1980, puso en marcha el ambicioso proyecto de crear el reloj mecánico portátil más complicado del mundo. Tras nueve años de desarrollo y fabricación, vio la luz el famoso Calibre 89, dotado de 33 complicaciones. La presentación de este excepcional reloj con motivo del 150.º aniversario de la manufactura fue seguida por el lanzamiento de diversas ediciones limitadas, lo que marcó el inicio de una nueva edad de oro para los relojes mecánicos y los relojes de pulsera complicados, incluidos los relojes con sonería, a los que se dedicaba con verdadera devoción.
Apasionado del arte, Philippe Stern también demostró ser un visionario al seguir encargando relojes de la colección “Rare Handcrafts” a artesanos, incluso cuando estas piezas no tenían tanto éxito, contribuyendo así a la preservación de todas estas valiosas habilidades que ahora han vuelto a ocupar un lugar destacado.
Por otra parte, su pasión por la excelencia también quedó patente en el ámbito deportivo. Esquiador consumado, Philippe Stern era además un gran regatista y un gran amante del lago Lemán, del que coleccionaba numerosas pinturas. Entre 1977 y 1992, a bordo de sus sucesivos
multicascos, todos ellos bautizados como “Altaïr”, ganó en siete ocasiones el famoso Bol d’Or, la regata más importante del mundo celebrada en una masa de agua cerrada.
Un artífice del futuro
En 1993, Philippe Stern asumió la presidencia de Patek Philippe, convirtiéndose en la tercera generación de la familia Stern en ocupar este cargo. Su principal preocupación siguió siendo preservar la independencia financiera y técnica de la manufactura familiar. Esta libertad le permitió crear relojes según sus propios criterios y aplicar una estrategia a largo plazo, sin renunciar ni a la calidad ni a la estética. Para reforzar esta independencia, mantener la posición de liderazgo de Patek Philippe y reforzar el control de calidad, Philippe Stern se centró en integrar verticalmente la producción en la medida de lo posible. En 1996, dio un paso decisivo al consolidar todos los talleres de Patek Philippe en Ginebra en una nueva manufactura de vanguardia en Plan-les-Ouates, demostrando una vez más su espíritu visionario al ser el primero en establecerse en lo que desde entonces se ha convertido en el principal distrito relojero de Ginebra.
Convencido de que la relojería era una de las mejores expresiones del ingenio humano, Philippe Stern dedicó décadas a coleccionar relojes excepcionales. En 2001, hizo realidad el sueño de su vida al inaugurar el Museo Patek Philippe en Ginebra, que alberga una de las colecciones de relojes más destacadas del mundo. Esta colección reúne no solo la esencia misma del legado de Patek Philippe, sino también relojes excepcionales que ilustran toda la historia de la relojería desde principios del siglo XVI. Desde su apertura, esta institución ginebrina de renombre mundial ha permitido a expertos, a los aficionados más exigentes y al público en general comprender más a fondo el excepcional patrimonio cultural de la relojería y las artes relacionadas con ella.
Consciente de que el respeto por la tradición debe ir de la mano de los últimos avances técnicos siempre que estos puedan mejorar la fiabilidad y la precisión de los relojes mecánicos, Philippe Stern también concedió gran importancia a la investigación y el desarrollo. Este enfoque condujo, en particular, a la creación del concepto “Patek Philippe Advanced Research” en 2005 y a avances decisivos en el campo de los nuevos materiales, incluido el silicio.
Legado generacional
En 2009, junto con su hijo Thierry, formalizó todos los requisitos relacionados con los relojes Patek Philippe dotando a la manufactura de su propio sello de calidad, el Sello Patek Philippe, que refleja los criterios considerados los más exigentes del sector relojero.
Ese mismo año, Philippe Stern cedió la presidencia a su hijo. En su calidad de presidente honorario, siguió de cerca la evolución de la última empresa relojera independiente y fa
miliar de Ginebra y supervisó el Museo Patek Philippe, que cosechaba un éxito cada vez mayor.
En 2023, para celebrar el 85.º cumpleaños de su padre, Thierry Stern le dedicó una serie especial que combinaba una repetición de minutos con una alarma que sonaba a la hora programada (Ref. 1938P), un reloj con un nuevo movimiento exclusivo y una esfera adornada con un retrato de Philippe Stern. Un hermoso homenaje a un hombre de cultura que consideraba el reloj como una obra de arte y que, gracias a su espíritu emprendedor, permitió que el legado familiar prosperara, al tiempo que contribuyó al prestigio mundial y al conocimiento de la alta relojería.